5 de noviembre de 2025

Electrificar la cadena de frío, el reto invisible del transporte en México

La transición hacia flotas eléctricas enfrenta desafíos que van más allá del motor y en el transporte de temperatura controlada, la infraestructura y la planeación se vuelven determinantes para garantizar la cadena de frío.
The companies will jointly evaluate the integration of Range’s electric powered trailer platform with Thermo King’s trailer refrigeration units
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La electrificación del transporte avanza en México, pero aún de manera desigual. Si bien los vehículos eléctricos se han vuelto un símbolo de modernidad y sostenibilidad, detrás de ellos hay una realidad más compleja, sobre todo cuando se trata de mantener una cadena de frío estable en movimiento.

“Todos hablamos del vehículo eléctrico, pero pocos se preguntan dónde se va a conectar”, advirtió José Carlos Gómez, director de Ventas para Latinoamérica de Thermo King, compañía especializada en equipos de temperatura controlada.

En entrevista con T21, el directivo dijo que la infraestructura sigue siendo el gran reto, ya que se puede tener el camión eléctrico, pero si no hay puntos de carga o suficiente capacidad eléctrica en la zona, el modelo de negocio no es sostenible.

Por otra parte, en el transporte mexicano, hablar de temperatura controlada suele asociarse con alimentos o productos farmacéuticos, pero este segmento ha crecido y abarca también cosméticos, componentes automotrices, químicos e incluso animales vivos.

Cada carga exige un rango térmico específico, lo que implica un manejo más sofisticado que en la carga seca.

“Un retraso de un par de horas en frontera puede echar a perder toneladas de aguacate o pescado”, explicó Gómez.

En ese contexto, la falta de infraestructura no solo eleva costos logísticos, sino que también compromete la inocuidad y la trazabilidad de los productos. Y conforme crece la demanda de bienes perecederos -impulsada por el comercio electrónico, la industria farmacéutica y el consumo urbano-, los vacíos en la cadena de frío se hacen más visibles.

En ese sentido, la apuesta por flotas eléctricas en cadena de frío, introduce un nuevo tipo de planeación: la energética.

“Un camión refrigerado eléctrico requiere más previsión que uno de diésel. Hay que saber cuántas unidades cargar, cuánto tiempo tardará la ruta y dónde se podrá recargar si es necesario”, comentó Gómez.

En México ya circulan unas 400 unidades 100% eléctricas de transporte de temperatura controlada, principalmente en rutas urbanas de última milla. Su autonomía ronda entre 180 y 400 kilómetros, suficiente para operaciones locales, pero insuficiente para recorridos largos o interestatales.

“Para ir de Ciudad de México a San Luis Potosí, por ejemplo, un vehículo tendría que parar a recargar en Querétaro. Eso exige una red eléctrica confiable, estaciones de carga y, sobre todo, coordinación logística”, detalló.

La falta de esa red convierte a la electrificación en un ejercicio de planificación más que de adopción tecnológica. La analogía, dijo Gómez, es sencilla, “es como cargar el celular antes de un viaje largo. Sabes que no puedes confiar en encontrar un enchufe en el camino”.

Un salto tecnológico silencioso

Aunque la electrificación concentra la atención, la evolución tecnológica del transporte refrigerado ha ido más lejos. En la última década, la industria incorporó sistemas de rastreo y monitoreo remoto que permiten controlar temperatura, ubicación e incluso apertura de puertas desde un dispositivo móvil.

“Hoy puedo saber qué temperatura tiene un tráiler que va cruzando la frontera o si alguien abrió la puerta en un punto no autorizado. La cadena de frío es un ecosistema digital. Todo está conectado”, comentó Gómez.

La digitalización no solo busca eficiencia, sino también seguridad alimentaria y ambiental. En las grandes ciudades, la regulación ya incluye límites de ruido y emisiones.

“La contaminación no solo es por dióxido de carbono (CO₂), también por ruido. Entregar productos en zonas urbanas sin generar ruido es parte del compromiso ambiental”, agregó.

Más allá de las innovaciones tecnológicas, la transición hacia el transporte eléctrico de temperatura controlada se enfrenta a una paradoja, depende de un sistema eléctrico que no está listo para soportarlo.

El crecimiento de la electromovilidad requiere inversión pública y privada en infraestructura energética, además de marcos regulatorios claros y estímulos fiscales. De lo contrario, la electrificación podría quedarse en una solución de corto alcance, confinada a flotas urbanas.

“La tecnología ya está, pero si no hay dónde enchufarla, no hay revolución posible”, resumió el directivo.

Mientras tanto, la cadena de frío sigue avanzando, buscando el equilibrio entre la sostenibilidad y la operación diaria, entre la innovación y la realidad física del país. En esa tensión se define el futuro del transporte logístico mexicano.